LA ERA ANTIGUA
Grecia
La era antigua de la tortura comienza en
la antigua Grecia la tortura se aplicaba a los esclavos -y en ciertas
circunstancias a los extranjeros- cuando testificaban en un juicio para
asegurarse que decían la verdad. La palabra dada por un miembro de pleno
derecho de la polis era suficiente porque poseía honor, en cambio el esclavo
carecía de ese estatus ya que ni siquiera era una persona -era "ganado de
pie humano", por lo que sólo la coerción física hacía equiparable su
testimonio al de un ciudadano. El argumento utilizado por los griegos para
este diferente trato del ciudadano –que nunca podía ser sometido a tortura- y
del esclavo era que el hombre libre que cometía perjurio era declarado infame lo que significaba una pérdida de derechos, y además debía pagar una
multa. Estos castigos no se podían aplicar al esclavo pues carecía de honor y
de dinero.
Roma
En la República, como en Grecia, sólo los esclavos podían ser
torturados, pero únicamente en los procesos criminales, no en los civiles –en
el siglo II d.C. también se extendió a este ámbito-. Existía la prohibición
de que los esclavos fueran torturados para conseguir pruebas contra sus amos.
Hasta una fecha tan tardía como el año 240 d.C. se mantuvo el derecho del
propietario a castigar y a torturar a sus esclavos, cuando sospechaban que
habían cometido un delito contra ellos dentro de sus propiedades.
El ciudadano nacido libre gozaba de inviolabilidad y no
podía ser sometido a tortura, pero durante el primer siglo del Imperio se
introdujo la tortura judicial y extrajudicial en los casos de traición (crimen
laesa maiestatis) por orden del emperador. "La idea de majestad que antes
residía colectivamente en el pueblo romano ahora residía en la persona del
emperador. El emperador no podía hacer la ley, pero podía establecer
excepciones a la ley que no reconocían necesariamente los viejos privilegios
del hombre libre, particularmente cuando estaba en peligro la seguridad
imperial (o se imaginaba que lo estaba)". Suetonio relata que
"mientras Calígula almorzaba o se divertía, a menudo se hacían en su
presencia interrogatorios mediante tortura", Claudio, " siempre
exigía el interrogatorio mediante la tortura", y Domiciano, "para
descubrir conspiradores ocultos, torturaba a muchos del partido opositor
mediante una forma de indagatoria, insertando fuego en sus pudendas, y también
les cortaba las manos a algunos de ellos".
El potro (miniatura medieval). Fue el método de tortura más
utilizado por los romanos.
El nombre que utilizaban los romanos para la tortura
judicial era quaestio per tormenta o quaestio tormentorum (quaestio, era la
investigación en el procedimiento penal romano; tormentum originalmente se
refería a una forma de castigo, que incluía la pena de muerte infamante a la
que sólo estaban sujetos los esclavos durante la República, y que a partir del
Imperio también se aplicó a los hombres libres por ciertos crímenes). Así la
definía Ulpiano:11
Por tortura debemos entender el tormento, el sufrimiento
corporal y el dolor empleados para obtener la verdad
El método de tortura más utilizado por los
romanos era el potro. Otros métodos, algunos de ellos tomados de los griegos,
eran el lignum, dos trozos de madera que rompían las piernas; el ungulae, uso de
garfios que laceraban la carne; la tortura con metales calientes al rojo; la
flagelación; la mala mansio (o 'mala casa') que consistía en poner al reo en un
espacio estrecho. También diversas formas de pena corporal fuero utilizadas
como métodos de tortura, como "el castigo con barras, los azotes y los
golpes con cadenas".
EDAD MEDIA
Alta Edad Media
Según las leyes de los pueblos germánicos la tortura, así
como las penas corporales, sólo se aplicaba a los hombres que no eran libres o
a los libres deshonrados, por haber sido declarados públicamente traidores,
desertores, cobardes o niños salchichas. Al principio en los reinos germánicos
que sustituyeron al Imperio Romano de Occidente se aplicaron códigos legales
diferentes a los germanos y a los romanos sometidos, y se mantuvo la exención
de la tortura a los honestiores y la aplicación de la misma a los hombres
libres de la clase inferior. El reino visigodo de Toledo, al unificar los
códigos romano y germánico, extendió las leyes sobre la tortura de época
romana, que se aplicaría a los hombres libres de clase inferior, a los casos
que implicara la pena capital o que fueran castigados con multas superiores a
50 solidi (luego ampliada a 250), lo que implicaba una amplia variedad de
delitos, como el homicidio, el adulterio, las ofensas contra el rey y el
pueblo, la falsificación o la hechicería.
Representación de un combate judicial en el Códice Dresden
del Sachsenspiegel (comienzos del siglo XIV), en el que se ilustra cómo los
combatientes deben compartir el Sol, colocándose paralelos a sus rayos de forma
que ninguno tenga ventaja.
El derecho penal durante la Alta Edad Media en Europa,
especialmente entre los siglos IX y XII, era "privado". La autoridad
pública no buscaba ni investigaba los crímenes, sino que sólo intervenía a
petición del que sufría el agravio, que se convertía en acusador. Este, tras
hallar el tribunal apropiado (el que declarase tener jurisdicción sobre ambas
partes), "presentaba su acusación, declaraba bajo juramento y llamaba a la
otra parte al tribunal para que respondiese". El acusado sólo necesitaba
jurar que la acusación era falsa, aunque a veces el tribunal requería el
juramento de otros hombres libres que corroboraran el del acusado, aunque no
hubieran sido testigos de los hechos. Y ahí se detenía el juicio. Así pues,
"el juramento era la prueba más fuerte que la parte acusada podía
brindar", aunque también existía la ordalía y el combate judicial. En
aquellos casos en que la reputación del acusado era mala y la acusación
conllevaba la pena capital, se podía recurrir a la ordalía o juicio de Dios
para determinar si decía la verdad.
Otra forma de solucionar el pleito era el combate judicial
entre acusador y acusado, o entre personas designadas por ellos, lo que también
se consideraba una forma de ordalía, ya que se basaba en la idea de que Dios
sólo permitiría la victoria de la parte que tenía razón. Estos eran los tres
modos de prueba, considerados después "irracionales, primitivos y
bárbaros", del proceso penal altomedieval. Se basaba en lo que algunos
historiadores han llamado "justicia inmanente": "el supuesto de
que la intervención divina en el mundo material era continua, de tal modo que
se negaba a permitir que las injusticias quedasen sin castigo… La gente
aceptaba las sentencias de la ordalía, el juramento y el combate judicial
porque creía que eran sentencias de Dios tanto como prácticas antiguas y
aceptadas".
La reaparición de la tortura (siglos XII al XV)
En el siglo XII se produjo una "revolución en el
derecho y la cultura jurídica" que "modeló la jurisprudencia penal –y
muchas otras- en Europa hasta fines del siglo XVIII". Una de sus
consecuencias más importantes fue que "el procedimiento inquisitorial
desplazó al viejo procedimiento acusatorio y a los "juicios de Dios".
En vez del juramento confirmado y verificado del hombre libre, la confesión fue
elevada a la cima de la jerarquía de las pruebas, tan elevada, en verdad, que
los juristas llamaban a la confesión, la reina de las pruebas".
Los tribunales eclesiásticos fueron los primeros en aplicar
el nuevo procedimiento de la inquisitio (que Edward Peters llama
"procedimiento legal romano-canónico") en el que los delegados de la
autoridad pública iniciaban e investigaban los "crímenes" (el
concepto de crimen nace entonces) sin que necesariamente existiese un acusador,
reunían las pruebas, recababan los testimonios de los testigos y emitían la
sentencia. La clave del cambio estuvo, según Edward Peters, en la superación de
la idea de la "justicia inmanente", resultado no sólo de la recepción
del derecho romano sino sobre todo de una compleja serie de cambios sociales,
políticos y culturales que se produjeron a lo largo del siglo XII. "El
mundo de la experiencia humana exigió que se buscasen pruebas, que se
clasificasen los testigos y se los interrogase bajo juramento, y que el acusado
tuviera algún medio racional de defensa contra las acusaciones". Pero aún
quedaba mucha incertidumbre sobre la validez del procedimiento, de ahí que la confesión
fuera la única "prueba" que aseguraba la culpabilidad o inocencia del
acusado. La elevación de la confesión a la categoría de regina probatorum
("reina de las pruebas"), especialmente en los procesos que
comportaban la pena capital, fue lo que condujo a la reaparición de la
LA TORTURA ACTUAL
El resurgimiento de la tortura (siglos XX y XXI)
El optimismo jurídico de los siglos XVIII y XIX se vino
abajo cuando en las primeras décadas del siglo XX retornó la tortura y desde
entonces no dejó de aumentar su frecuencia e intensidad. "Una serie de
Estados empezaron a ignorar el papel protector de la ley, primero en contextos
políticos extrajurídicos, y luego en contextos jurídicos comunes. […] En la
labor de las comisiones revolucionarias extraordinarias de la URSS entre 1917 y
1922, luego en la Italia y la España fascista y finalmente en Alemania bajo el
Tercer Reich, la tortura reapareció bajo la autoridad estatal extraordinaria,
revolucionaria y del partido, y más tarde, en algunas circunstancias, bajo la
autoridad legal ordinaria.
En cuanto a las causas del resurgimiento de la tortura,
Edward Peters señala cuatro factores.
Arresto de un propagandista por la policía zarista. Cuadro
de Iliá Repin (1880-1892).
En primer lugar, el crecimiento del aparato policial,
especialmente de la policía que se ocupaba de la "seguridad del
Estado" -cuyo ejemplo más notorio fue la Okrana de Rusia zarista-,
"ofreció amplio espacio para el resurgimiento de la tortura, aun en
estados con una judicatura fuerte e independiente y la prohibición por ley de
la tortura. El Estado había creado otros funcionarios, además de los jueces, a
quienes podía confiarse la tortura, y la prohibición de la ley significaba poco
si sólo regía para los jueces y funcionarios de tribunales y no para
funcionarios del Estado que estaban fuera de su control".
En segundo lugar, el crecimiento del ejército –el segundo
órgano extrajudicial del Estado moderno- y los cambios que trajo consigo la
guerra moderna, con la creciente importancia de la inteligencia militar,
condujo a la tortura de los prisioneros de guerra y de los espías capturados,
justificada por la necesidad imperiosa que tenían los jefes militares de
obtener información rápida sobre el enemigo.
En tercer lugar, el cambio en la consideración del delito
político que gradualmente pasó a ser más peligroso –y más repulsivo- que el
delito ordinario, ya que se oponía al Estado y a la ley entendida como la
voluntad del pueblo, por lo que el criminal político perdía los derechos que
correspondían al resto de los ciudadanos y debía recibir el trato que merecían
los traidores.
En cuarto y último lugar, la aparición de una doctrina
totalitaria del Estado en la que éste se sitúa por encima de los derechos
individuales (como escribió Mussolini en 1932: "El hombre no es nada… Más
allá del Estado, nada humano o espiritual tiene valor alguno").
Peters añade un quinto factor, la experiencia colonial, ya
que los Estado europeos utilizaron la tortura o permitieron su uso en sus
dominios coloniales de África y Asia, especialmente sobre las poblaciones
nativas. Pone como ejemplo el caso de la India británica en la que el empleo de
la tortura era habitual. En 1855 un voluminoso informe sobre Presuntos Casos de
Tortura en la Presidencia de Madrás hacía una prolija relación de las
principales torturas que se aplican en casos policiales por parte de la policía
nativa bajo la autoridad de funcionarios británicos sobre nativos que en
ocasiones se proseguían… hasta que, tarde o temprano, se producía la muerte.
Por último, Peters destaca que en el siglo XX se ha
producido un cambio cualitativo en la tortura respecto a los siglos anteriores.
"Ya no se trata principalmente de obtener información de la víctima, sino
de vencer a la víctima misma, de reducirla a la impotencia" y como
consecuencia de esto "la tortura se ha hecho capaz de infligir una inmensa
variedad de grados relativamente escalonados de dolor a cualquiera, durante
cualquier cantidad de tiempo, con un éxito invariable".
La Italia fascista
Funeral de Arturo Bocchini (el Fouché de Mussolini y creador
de la OVRA), fallecido en Roma en 1940, que estuvo presidido por altos jerarcas
de los aparatos de policía fascista y nazi. De izquierda a derecha: Karl Wolff,
Reinhard Heydrich, Adelchi Serena, Heinrich Himmler, Emilio de Bono, Rodolfo
Graziani y Hans Georg von Mackensen.
Desde su llegada al poder en octubre de 1922, Mussolini y el
Partido Nacional Fascista fueron construyendo un Estado que ya no era el
garante de los derechos y libertades individuales sino que era la encarnación
de la "nación", del "pueblo". En 1929 nació la OVRA, la
policía secreta fascista para la represión del antifascismo, que "usó
regularmente la tortura contra los sospechosos de ser enemigos del Estado, el
partido y el pueblo".
La Alemania nazi
Los nazis llevaron más lejos la doctrina mussoliniana del
estado, porque "el mismo Estado alemán se convirtió simplemente en el
vehículo administrativo del Partido Nacional Socialista. El líder del partido,
Adolf Hitler, personificaba –de acuerdo con la propaganda del partido- la
voluntad y comunidad del pueblo, el Volk, y el Volk mismo era concebido de modo
radicalmente exclusivo como comunidad nacional histórica… [en la que] el
individuo no tenía ninguna identidad ni valor fuera de su pertenencia al Volk".
Como consecuencia de esta concepción política todo el sistema judicial alemán
fue radicalmente transformado. Se crearon tribunales especiales que se ocuparon
de los delitos "políticos" entendidos en un sentido muy amplio, ya
que los nazis no confiaban en los jueces del sistema judicial ordinario, y en
su cima se situó el Volksgerichthof, el tribunal superior que se ocupaba de los
delitos de traición, compuesto en su mayoría por miembros del partido nazi con
una escasa preparación jurídica, y cuyas sentencias no admitían la apelación.
Lo mismo sucedió con la ley, que ya no garantizó los derechos, sino que fue
definida como el "sano sentido de la justicia del Pueblo" (gesundes
Volksempfindung). Sobre estas premisas fueron modificadas las formas de los
interrogatorios de los detenidos a los que se aplicó la tortura.
Prisioneros del campo de concentración de Buchenwald
realizan ante el general Eisenhower una demostración de los métodos de tortura
utilizados por los nazis, tras ser liberados (1945).
En plena Segunda Guerra Mundial Heinrich Himmler autorizó el
uso del "Tercer grado" –es decir, de la tortura-.
comunistas, marxistas, Testigos de Jehová, saboteadores,
terroristas, miembros de movimientos de resistencia, elementos antisociales,
elementos refractarios o vagabundos polacos o soviéticos
La Rusia soviética
Los bolcheviques que tomaron el poder en Rusia en octubre de
1917 desarrollaron una nueva doctrina "que afirmaba el derecho de un
gobierno revolucionario a tomar medidas para protegerse a sí mismo y a la
revolución en general". La aplicación de ese principio transformó
completamente el sistema jurídico ruso. En diciembre de 1917 nació la Cheka, la
policía política encargada de perseguir a los
"contrarrevolucionarios" que recurrió a la tortura de forma casi
rutinaria. Como proclamó su creador y primer jefe, Dzerzhinski.
Insignia de la cheka de 1922.
Estamos por el terror organizado –debemos declarar esto
abiertamente-, pues el terror es absolutamente indispensable en las actuales
condiciones revolucionarias. Nuestra tarea es luchar contra los enemigos del
Gobierno Soviético y el nuevo orden de vida.
Así, "los sospechosos podían ser arrestados tarde en la
noche, maltratados verbal y físicamente, arrojados a prisión, amenazados con la
muerte (y hasta ser llevados a un lugar de ejecución varias veces, para luego
ser devueltos a la prisión) y eran juzgados sin ningún procedimiento regular,
sin que se les permitiese ninguna defensa". Se conocen las formas de
tortura empleadas por las checas. La de Voronezh, por ejemplo, metía a los
detenidos en unos barriles con clavos tachonados en su interior y les hacía
rodar en ellos. La de Kiev ideó un sistema para que un ratón mordiera el pecho
del prisionero.
En 1939 un telegrama de Stalin enviado al NKVD, organismo
sucesor de la Cheka, decía:
El Comité Central del Partido Comunista de toda la Unión
considera que la presión física debería ser usada obligatoriamente, como
excepción aplicable a enemigos conocidos y obstinados del pueblo, cómo método
justificable y apropiado
El optimismo universalista de posguerra (1945-1955)
Cuando al final de la Segunda Guerra Mundial se conocieron
los horrores cometidos por la Alemania nazi y sus aliados y por Japón,
numerosas personalidades y organismos propusieron la aprobación de acuerdos
internacionales –siguiendo el modelo de las Convenciones de Ginebra- que
impidieran que volvieran a repetirse los hechos cuyo conocimiento estaba
espantando al mundo. Para ello se recuperó el universalismo de los derechos
humanos proclamado a finales del siglo XVIII por las revoluciones americana y
francesa y su primera plasmación fue el artículo 55 de la Carta de las Naciones
Unidas de 1945 que establecía el "respeto universal por, y la observancia
de, los derechos humanos y las libertades fundamentales para todos sin
distinción de raza, lengua o religión".59 De este artículo de la Carta
derivó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, cuyo artículo
5 hacía referencia a la tortura:
Nadie será sometido a tortura o a tratamientos o castigos
crueles, inhumanos o degradantes.







ja ja ja que buen blog al chile :u
ResponderEliminarme perturba el hecho de que el autor de este blog decidiera elegir este tema ,pero es muy interesante como los antepasados uttilizaban la tortura y la imaginacion que tenian para inventar nuevos metodos de tortura
ResponderEliminarfue muy buena la información, me sorprende como la gente utilizaba la tortura en el pasado, me gusto el fondo y el tipo de letra, felicidades muy buen trabajo
ResponderEliminarestuvo interesante sobre la era antigua de la tortura en grecia y roma
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